Esta no es una comparativa aburrida: es combate de kiosco con público en recreo.
Hay duelos que no necesitan presentación porque ya vienen con mostrador, papelito pegado en la memoria y mandíbula preparada para sufrir. En una esquina estaba Bazooka, el de la gorrita canchera y perfume poderoso. En la otra estaba Cowboy, el duro de domar, con sombrero y cara de “a mí no me ablandás tan fácil”.
Suena la campana
Bazooka avanza primero. No tira golpe: abre el envoltorio. Y con eso alcanza. El aroma dulce sale como niebla de kiosco y Cowboy queda medio mareado antes de empezar. Pero Cowboy no se achica. Responde con un gancho directo a la mandíbula, de esos que no te noqueaban de gusto sino de esfuerzo. Masticarlo era una misión. Había que domarlo.
Bazooka retrocede apenas, acomoda la gorrita y saca su arma secreta: la historieta. Ese papelito doblado que hacía que el chicle empezara antes de estar en la boca. Cowboy intenta reírse, pero ya es tarde. Entre el perfume, el ritual y la historieta, queda contando estrellas de azúcar.
Y ahí empieza el verdadero duelo: porque Bazooka no era solamente un chicle globo. Era ir a comprarlo deseando que todavía quedaran en el kiosco, conseguir el sabor favorito, volver a casa y abrir los extremos con cuidado para no romper la historieta que estaba dentro. Sentías en el papel ese perfume intenso e inconfundible de frutilla y algo más, masticabas el chicle y te ponías a leer una historieta que te hacía reír.
Cowboy, en cambio, era el suplente noble: ese que se compraba cuando no había Bazooka. Te conformabas, pero después empezaba la batalla para intentar ablandarlo.
Entre esos dos había duelo, sí, pero en mi recuerdo no peleaban desde el mismo lugar. Bazooka era la experiencia completa.
Cowboy también era chicle globo, también era kiosco, también tenía su lugar, pero para mí llegaba con otra energía. Menos ceremonia, más mandíbula en modo gimnacio.
El Cowboy del que hablo no es necesariamente el que aparece en imágenes posteriores. Es el que recuerdo de kiosco: más simple, más infantil, más duro de masticar y menos cargado de ritual que Bazooka. Después podrá haber tenido más publicidad, historietas, álbums, o lo que sea, pero conmigo llegó tarde. Para cuando quiso parecerse más a una experiencia completa, yo ya estaba eligiendo otros chicles. Cowboy podrá ponerse sombrero nuevo, pero si seguía siendo una piedra dulce, el duelo estaba perdido.
¿Vos eras team Bazooka o Cowboy?
Completá la ronda Complete the circle