REBOBINANDO RECUERDOS. REVIVIENDO LO MEJOR. REWINDING MEMORIES. RELIVING THE BEST.

El sitio Rewindero es un lugar para rebobinar recuerdos cotidianos: objetos, modas, canciones, golosinas, gestos que ya no se hacen y pequeñas escenas que quedaron guardadas en alguna parte.

No coleccionamos pasado: lo miramos otra vez.

La página recuerda, Rewindero revive, los Rewinderos completan la ronda.

Rewindero is a place to rewind everyday memories: objects, trends, songs, candy, little things people no longer do, and small moments tucked away somewhere.

We don’t collect the past: we look at it again.

The site remembers, Rewindero brings it back to life, and the Rewinderos complete the circle.

Tubby 3 y Tubby 4

Ilustración retro inspirada en Tubby 3 y Tubby 4 caminando por una ciudad soleada

Un paseo dulce por una ciudad de otra época

Hay publicidades que uno no recuerda solamente porque las vio muchas veces, sino porque se le quedaron grabadas en alguna parte muy particular de la infancia. A veces una golosina logra un combo raro de repetir: sabor, imagen, canción y recuerdo. Eso fue, para mí, lo que pasó con Tubby 3 y Tubby 4.

No recuerdo solamente la golosina. Me acuerdo de la escena: una ciudad que al principio se sentía pesada, un Tubby caminando solo, el encuentro con la Tubby 3, el envoltorio de ella como si fuera una pollerita, y después los dos terminando en los bolsillos de una pareja que paseaba por una ciudad soleada.

También recuerdo otro mundo donde todo funcionaba a botón, el encuentro con la Tubby, irse caminando juntos y, una vez más, terminar en los bolsillos de una pareja que caminaba de la mano por ese mundo.

Estas publicidades no te mostraban solamente un chocolate. Te contaban una mini historia.

La publicidad que se quedó grabada

Con los años se pueden mezclar detalles. Pero cuando te ponés a pensar en la canción, todo vuelve a acomodarse: el Tubby 4 era la barrita exquisita, con capas de oblea, crema de maní, caramelo, maní picado y baño de chocolate semiamargo. Era el que caminaba primero. El Tubby 3 era la oblea más chatita, con oblea crujiente, pasta de avellanas y baño de chocolate semiamargo. Ella era la chica de la publicidad.

Tenía un jingle muy pegadizo. Hasta el día de hoy lo recuerdo entero, y por eso sé que el chico era el Tubby 4: él se presentaba ante la chica. Los números de estas golosinas se debían a las capas que tenía cada una.

Seguramente alguien se acuerde de otros Tubby, de otras versiones con otros sabores, o directamente de la canción antes que de la golosina. Y eso es lo lindo de estos recuerdos: una parte la guarda uno, otra parte la guarda otra persona, y entre todos se reconstruye el kiosco.

No fueron los únicos Tubby

Tubby 3 y Tubby 4 fueron los que más quedaron en la memoria, pero no fueron los únicos. También existieron el Tubby 5 y el Tubby 6. Pero no lograron repetir del todo lo que sí lograron los anteriores. Si bien todas estas golosinas eran deliciosas, los Tubby 5 y 6 no tuvieron jingles tan pegadizos cantados por voces maravillosas, ni publicidades coloridas que contaban una mini historia.

Tal vez para algunos fue la publicidad. Tal vez para otros fue la canción. O quizás fue esa idea de ver golosinas caminando por una ciudad como si tuvieran una vida propia. Porque a veces no alcanza con que una golosina exista: tiene que quedarse pegada en algún rincón de la cabeza.

Cuando una golosina tenía mundo

El Tubby 3 y el Tubby 4 no quedaron solamente por el sabor. Quedaron porque tenían un mundo: una ciudad, una canción, dos personajes, un encuentro y una imagen fácil de recordar.

Y si una publicidad lograba eso, ya tenía medio camino ganado. En una época donde el kiosco estaba lleno de opciones, una golosina necesitaba algo más que chocolate para quedar en la memoria.

Volver no siempre es volver igual

Años después, el nombre Tubby volvió a aparecer, pero no exactamente como muchos lo recordaban. Y ahí se nota algo: a veces no alcanza con traer un nombre.

La gente no quería solamente leer “Tubby” en un envoltorio. Quería volver a encontrar esa experiencia: la forma, el sabor, el jingle, la publicidad, el recuerdo de verlo en el kiosco.

Porque de eso se trata, al final. No era solamente comer algo dulce. Era mirar una publicidad y que dos golosinas parecieran tener vida propia.

¿Vos cuál recordás? ¿Te acordás del Tubby 3, del Tubby 4, del 5 o del 6? ¿O lo primero que te vuelve a la cabeza es la publicidad de la ciudad soleada?

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