V: Invasión Extraterrestre es, sin lugar a dudas, la obra cumbre de la ciencia ficción televisiva de los años 80. Ver en ese entonces aparecer esa V roja te daba la misma o incluso más emoción que te da hoy suscribirte a Netflix y ver la N, con la diferencia de que la V no la podías rebobinar. Tampoco podías ponerle pausa, así que cada vez que llegaba la hora de que comenzara la serie, salía de una carrera al kiosco y le pedía al señor kiosquero: alfajores! Pero sonaba como “nos invaden!”
Esta producción estadounidense, emitida originalmente entre 1983 y 1985, paralizó a audiencias de todo el mundo y fue creada por Kenneth Johnson. Más allá de sus impactantes efectos visuales para la época, la serie se convirtió en un fenómeno de culto gracias a su cruda alegoría política y a momentos icónicos.
La promesa de los Visitantes
La premisa inicial parecía un sueño hecho realidad: gigantescas naves nodrizas se posan sobre las principales ciudades de la Tierra. Los tripulantes, autodenominados “Visitantes”, tienen un aspecto humano impecable, visten uniformes pulcros rojo y negro, y ofrecen avanzados conocimientos científicos y médicos a cambio de unos pocos recursos químicos que su planeta necesita.
La empatía global es inmediata, pero la ilusión no tarda en desmoronarse. El camarógrafo Mike Donovan (interpretado por Marc Singer) logra infiltrarse en una de las naves y expone la verdad más perturbadora: bajo su piel sintética, los Visitantes son en realidad reptiles antropomorfos carnívoros con una dieta basada en roedores vivos. Su verdadero objetivo no es la diplomacia, sino el robo masivo de nuestra agua y el almacenamiento de los seres humanos como simple alimento.
Se desencadena entonces la manipulación mediática por parte de los alienígenas: convierten a la comunidad científica en enemiga pública para evitar que descubra sus debilidades, mientras seducen a jóvenes militantes con su propaganda. Frente a la opresión, nace la resistencia: un grupo guerrillero clandestino que adopta la “V” de la victoria, pintada con aerosol rojo, como símbolo universal de rebelión.
Diana y el ratón
Imposible hablar de V sin mencionar a su máxima villana: Diana, interpretada por Jane Badler. Fría, calculadora y cruel, Diana encarnó la maldad alienígena y protagonizó una de las escenas más memorables de la historia catódica: el momento exacto en el que desencaja su mandíbula para tragarse un cobayo después de que su compañero se tragara un ratón blanco vivo como si fuera un bombón.
Por otra parte estaba Willie, el lagarto vegetariano, interpretado por Robert Englund, quien luego encarnaría a uno de los villanos más temibles de la historia del cine: Freddy Krueger. Pero acá viene lo interesante: quienes lo vimos primero como el extraterrestre bueno de V no podíamos tenerle el mismo miedo. Mientras otros chicos querían esconderse abajo de la cama cuando Freddy aparecía con su sombrero y sus cuchillas, nosotros nos reíamos, porque no veíamos sólo a Freddy: veíamos a Willie disfrazado de pesadilla.
Para mí, V no era sólo una invasión extraterrestre. Era también mirar la hora, salir corriendo al kiosco, pedir alfajores y volver antes de que apareciera esa V roja en la pantalla.
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